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Valtellina, un stage en un paraíso dentro de los paraísos

Noticia · 5 junio, 2018

Pocos, muy pocos deportes permiten a los aficionados disfrutar de su afición en los mismos escenarios donde tiene lugar la alta competición.  Un hecho diferencial, que no único, del ciclismo. Pero con la bicicleta, al menos, es diferente, majestuoso. La grandeza del medio natural, de sus montañas, de sus paisajes, al alcance de nuestros sentidos y nuestros esfuerzos. Paraísos para la bicicleta hay muchos, pero con las condiciones de la Valtellina la cantidad se reduce. Da igual que sea para la mountain bike o la bici de carretera, incluso para una práctica más recreativa gracias al sendero ciclable que recorre todo el valle sobre más de 110 kilómetros.  Un paraíso dentro los paraísos, con pasos de montaña icónicos, donde se dan la mano la épica de las carreras y también la historia en sí misma.

Tales son los mimbres del Polartec-Kometa durante su concentración previa al Giro de Italia sub23 en el Rezia Hotel de Bormio. “Las dos ruedas y el turismo son una combinación ideal para apreciar la belleza escénica, naturalística y artística del territorio”, que proclabama Lara Magoni, Consejera de Turismo, Marketing Territorial y Moda de la Lombardía, durante la puesta en escena de la Fundación Alberto Contador en Milán. Magoni ponía en valor la actividad física y sus implicaciones en el alojamiento, la restauración y el empleo local. Y no le falta razón. Paralelamente, el mejor campo de pruebas para rodar con las bicicletas Trek, para exprimir los tejidos Polartec y honrar la patria chica de los propietarios de Kometa.

El Stelvio, el Gavia o el Mortirolo, puertos que el Giro ha introducido en el imaginario colectivo universal, son algunos de los  atractivos de la zona. Los más mediáticos. Mucha gente tiene la Valtellina, y sobre todo la zona del Bormio, en mente por el Stelvio, por el Gavia, por el Mortirolo. Mitos de este deporte. “Y es lógico”, admite el italiano Daniele Cantoni, ciclista del Polartec-Kometa sub23, natural de Bormio y guía para el resto del plantel durante estas jornadas de concentración. “Son los más conocidos. Pero esta zona es mucho más que estos tres colosos. Y para muchos más niveles. De hecho, diría que los hay más duros que el Mortirolo, pero no son tan públicos”.

Palabras mayores. Cantoni explica un par de sugerencias: “En la ruta  hacia el Gavia, por ejemplo, si en vez de ir hacia la derecha coges hacia la izquierda, afrontas la ascensión al  Ghiacciaio dei Forni. Desde Santa Caterina di Valfurva tienes cuatro, cinco kilómetros constantes al 15 y el 16%; y llegas a más de 2.100 metros. Aúna belleza, dureza y altura.  Desde Tirano, por ejemplo se puede ir en dirección al pueblo de Baruffini y seguir subiendo después, hacia la frontera con Suiza, una subida de diez u once kilómetro a más del 10% de media”. Propuestas en muchísimas ocasiones rodeadas de montañas de más de 3.000 metros. Bormio, a 1.200 de altitud, se asienta en un entorno de grandes alturas. El Monte Confinale, la Cresta di Reit, el Monte Sumbraida, la Cima Piazzi, la Cime Redasco, el Monte Vallecetta, el Corno di Profa… Y muchos más en las cercanías. Aquí la tierra acaricia el cielo como en pocos lugares en  Europa.

Hermosos paisajes en la Valtellina. Muchos alimentan el Parque Nacional del Stelvio, un tesoro natural de gran valor faunístico y medioambiental que casi toca los 4.000 metros en su punto más alto (Monte Ortles) y baja hasta los 700 en su zona más baja; un enclave donde un 8,7% de toda su extensión está ocupado por glaciares y nieves perpetuas, donde existen más de 90 lagos y donde un casi 36% de su superficie es boscosa. “Realmente poder pedalear por aquí es toda una experiencia”, dice Juan Pedro López en su debut como corredor del Polartec-Kometa Team. “Estos paisajes son una maravilla”, añade. “Y duro, vaya si hay aquí terreno duro”. El eritreo Awet Habtom disfruta muchísimo lanzando miradas a su entorno. “Es sencillamente maravilloso”. Este tipo de concentraciones son amables con las relajaciones, imposibles en competición. Muchos corredores están descubriendo en persona lugares que sí conocen como aficionados. Las paradas alimentan muchos selfies. Son escenarios que hay que inmortalizar.

Pero la Valtellina, esta zona, es mucho más que Stelvio, Gavia y Mortirolo. “En un radio de 30 kilómetros puedes afrontar unas 70 u 80 subidas. Y muchas tienes doble vertiente, o tres vertientes. Muchas siguen vírgenes para el ciclismo profesional, algunas serían difícil de introducir por la logística”, plantea Cantoni. El corredor bormini se ha criado en estas montañas, las ha subido decenas de veces. En ellas madura su sueño de dar el salto al profesionalismo. Como ciclista centrado en la carretera lleva desde 2012. Como practicante de la bici, toda una vida. Un juego de niños. “Cuando éramos pequeños, lo típico con los amigos, nos íbamos por ahí. Los días que no teníamos clase hacíamos alguna ruta. Igual nos tirábamos tres o cuatro horas subiendo, llegábamos al sitio en cuestión, nos tomábamos un bocata y luego, a bajar. ¡Bajar siempre es más divertido”, ríe.

Con este stage de preparación del equipo continental, en el que también le acompaña el sub23 alicantino Jorge Pastor, Cantoni admite que vive una experiencia mucho más que especial: “Estar aquí con el equipo, en casa, me motiva mucho más. Aquí todos me conocen. Es algo muy majo estar aquí”. En la primera jornada, además del más célebre Bormio 2000, final en 2004 de una etapa del Giro de Italia de tan solo 118 km, Cantoni condujo a sus compañeros a una subida no especialmente conocida, aunque sí hollada por el ciclismo profesional femenino (la octava etapa del Giro Donne 2011): la ascensión a las Torri de Fraele y el Lago di Cancano a través de la vieja ruta que se eleva desde el valle, serpenteante, enlazando herraduras, proponiendo a cada giro una nueva panorámica y sorprendiendo al respetable con un par de túneles excavados en la roca durante los tiempos de la Primera Guerra Mundial. “Muchos del equipo venían por primera vez a esta zona y, sí, durante la ruta me hacían preguntas sobre qué montaña era ésa o cómo se llamaba ese lugar… Querían conocer la cosa”, explica.

“¿Duro? Sin duda. Pero también es muy divertido”, concluye Miguel Ángel Ballesteros.

? Fundación Contador & Roby Trab

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